Pedro Santos
FOTO: egoCity

El 10 de agosto de 2016, Colombia reseñó en los medios de comunicación la abrupta salida del clóset
de Pedro Santos.
En entrevista con egoCity, nos cuenta por qué, a pesar de haberse sentido abrumado
y confundido, el tuit de su primo, más que una ofensa, 
resultó siendo toda una bendición.

 

La exposición de la orientación sexual de un integrante de una de las familias de mayor reconocimiento en Colombia, ante la opinión pública, junto con otros hechos importantes de la coyuntura política y social por la que atraviesa el país, mantienen en primer plano el debate por la reivindicación de los derechos LGBT.

 

Como efecto acción-reacción, los sectores más conservadores y religiosos de nuestro país iniciaron toda una estrategia para estigmatizar aún más a una población a la cual han querido invisibilizar.  Desde el mismo día de la salida del closet de Pedro Santos, cientos de miles de personas, en su mayoría integrantes de movimientos cristianos convocados por autoridades religiosas y líderes con claras aspiraciones políticas, han promovido una campaña nacional para pisotear y obstaculizar el ejercicio de los derechos fundamentales de diferentes grupos minoritarios.

 

Ese 10 de agosto, a la par con Gina Parody —en ese momento Ministra de Educación y responsable del cumplimiento de una sentencia de la Corte Constitucional que procura reducir los casos de matoneo al interior de las instituciones educativas—, población LGBT, ambientalistas y animalistas, fueron víctimas de un bochornoso “plantón” que develó un nuevo episodio de odio y discriminación en nuestro país.

 

Fueron precisamente esas marchas, más los sentimientos encontrados que las mismas generaron, los que, a empujones, vulneraron la privacidad de otro ciudadano colombiano. Pedro Santos comienza a figurar en un debate público por cuenta de su orientación sexual. “Una de las cosas que más me ha conmovido como LGBT y que hizo que me doliera la garganta de gritar, fueron las protestas por las cartillas del Ministerio de Educación. Ver tanta gente desinformada marchando en contra de los derechos de otros seres humanos iguales a ellos, realmente me ofendió”, comenta.

 

Desde ese momento, Pedro Santos asumió un compromiso consigo mismo y con aquellos miembros de la población LGBT que sienten que no tienen voz; “las marchas fueron el detonante para darme cuenta que no podía quedarme callado. Yo lamento mucho no haber estado en ese momento en el país. Yo hubiera querido salir a las calles y gritar a favor de mis derechos, de nuestros derechos”.

 

En su último viaje a Colombia, Pedro Santos nos contó su historia, esa que devela a un ser humano sensible, un joven que aun en sus cortos 21 años, ha padecido y sabido llevar con valentía, la presión de una sociedad conservadora, coartada por el qué dirán y donde, desde pequeños, se les obliga a los niños y niñas ocultar sus sentimientos y a encaminarse por un sendero que no reconoce el valor de la diversidad ni el respeto por la diferencia.  

 

Hablamos de su infancia, sobre su educación, la experiencia en el exterior y sus tatuajes. No quisimos abordar lo que ya se conoce, no hablamos ni de su padre, ni de su primo; hablamos, simplemente, de él, de Pedro.

 

Pedro Santos
FOTO: egoCity

EL COLEGIO: “Yo siempre sentí que no encajaba”

“En el colegio yo sentía la necesidad de encajar, pero entre más trataba de encajar, más me hacía daño. En ese entonces yo tenía novias, cree un personaje tan ajeno a lo que yo era, que llegó un punto en el que miré hacia adentro y me di cuenta que estaba tomando las decisiones equivocadas, que lo que estaba buscando era complacer a los demás para que me aceptaran.”

 

“Desde chiquitos, se nos enseña a ir en contravía de nosotros mismos; quieren que todos estemos encerrados en un mismo cuadrado.  Y si uno no hace parte de ese cuadrado, entonces no se le considera integrante de la sociedad,
y, por consiguiente, se le excluye y se le rechaza. Yo tuve miedo al rechazo
y decidí fingir con el objetivo de no afrontar mi realidad.”

 

LA EDUCACIÓN: “Simple… que me respeten y punto”

“Yo me crie rodeado de católicos, musulmanes, cristianos, ateos, personas de todas las creencias religiosas y de todo tipo y, eso, en parte, me ha hecho quien soy. Porque uno se da cuenta que en la diferencia estamos todos, somos diferentes y de esa misma forma podemos convivir”.

 

Pedro afirma que no le interesa imponer nada ni buscar la aceptación de nadie. Él es simplemente Pedro, así, a secas. No permite que lo definan ni por su apellido ni por su familia. Lo que es lo ha sabido ganar a pulso, luchando cada reconocimiento, cada logro, asumiendo cada reto. “El tema no es matarse ni imponer nada. Yo no le voy a decir a un católico que se vuelva gay o que deje de creer en su dios. Tampoco estoy pidiendo que me tengan simpatía ni que me                                                                                                       traten diferente. Yo solo estoy pidiendo algo simple…  que me respeten y punto.

 

LA SALIDA DEL PAÍS: “Me estaba volviendo loco

En un acto de rebeldía salió del país huyendo de la dificultad que significaba ser el hijo del vicepresidente, de estar rodeado de guardaespaldas todo el tiempo, de escuchar a personas que solo tenían en su cabeza, como válido, el concepto de heterosexualidad.  “Me sentía encerrado tras las puertas de un palacio, en una prisión creada por mi imaginación. No podía ser un niño ni un adolescente normal. A donde fuera, siempre llevaba a diez personas detrás de mí. Eso me volvió inseguro. Lo que uno tiene por dentro, esa lucha interna, no se combate con dinero, ni con el poder, ni con el apellido. Esa lucha interna, la libramos nosotros mismos”.

 

Criarse desde los siete años sin libertad alguna, y pasar la niñez y la adolescencia sin información del mundo de afuera fue difícil. “Yo era un adolescente que quería explorar porque estaba confundido y no hallaba la posibilidad de encontrar respuestas. Sin importar hacia donde miraba, me daba cuenta que todo era igual, que todo debía estar dentro de esa “supuesta” normatividad. Por eso me fui.”

 

LA SALIDA DEL CLÓSET: “Toda una bendición”

“Yo siempre pensé que salir del clóset públicamente era algo que yo en algún momento debía hacer. Pero es que era tan difícil, porque acá en Colombia no lo podía hablar con nadie.  A mí me sacaron a la luz pública como con un propulsor. Si no hubiera sido por eso, por esa salida tan abrupta, hubiera sido un proceso mucho más lento, y yo no hubiera podido tener esa sensación de satisfacción y de libertad que tengo en este momento. A pesar de haber tenido que afrontar el señalamiento de todo un país, pues debo confesar que en ese momento me sentí muy abrumado, confundido y con mucho miedo, debo admitir que me tomo poco tiempo el darme cuenta que afrontar la realidad fue toda una bendición”.

 

Pedro es enfático en afirmar que siente miedo que se hable solo de él y de su homosexualidad; es consciente que ésta es una situación que la viven miles de familias colombianas y que lo último que desea es que se personalice una problemática que más allá de polemizar, debe ser el espacio para educar y sensibilizar sobre el tema LGBT en el país. “Yo tenía miedo de perder el norte y de no poder transmitir también el mensaje de todas estas personas que son como yo. Mi miedo es que yo no pueda encarnar lo que también estas personas sienten o piensan. Y ese temor, que sentí en ese momento, ahora es un reto que me anima y me impulsa día a día a trabajar por la población LGBT de mi país. Yo he asumido mi compromiso con esas personas que en algún momento me enviaron sus mensajes de apoyo, y con el corazón les digo que no las voy a defraudar.”

 

Pedro Santos
FOTO: egoCity

 

AFRONTAR LOS MIEDOS: “Jamás pensé que esto me iba a suceder”

“Es como si me hubieran caído quince baldados de agua y todavía siguen cayendo. Yo siempre había querido estar en el anonimato. Mi mamá me decía: —si quieres hablar hazlo—. Y así lo hice; he dicho todo”. Tras el nombrado tuit de Martín Santos, Pedro supo que había llegado el momento, el mismo al que le había sacado el cuerpo desde su niñez. Por eso se preparó y tomó la decisión de hablar. “Así fue como se hizo la entrevista en Jet Set, que al principio fue todo un secreto, ni mis papás lo sabían. Y hice esta entrevista y debo admitir que sentí un gran remordimiento. Le conté a mi hermana y su expresión fue —¡¿Qué acabas de hacer?!—”

 

“Se había planeado que el día que saliera la edición de la revista, yo ya estaría en Nueva York. Pero no fue así, la edición se filtró a los medios de comunicación y yo todavía no había salido de Colombia; en ese momento no supe qué hacer. Llamé a mi mamá y conté todo. Yo pensé que ella me iba a odiar, y contrario a lo que yo había pensado, ella me dijo: —me parece muy bien—”. Pedro quería que su historia, que tocaba su lado humano y no el político, la conociera todo el mundo. “Entre mis planes estaba simplemente hacer una sola cosa, dar la entrevista y desaparecerme, contar mi historia. Sin embargo, mi mamá me dijo —¿tú entiendes lo que acabas de hacer? Yo estoy muy orgullosa de ti, pero no creas que tú puedes hablar y desaparecerte, eso no funciona así—.” Y así fue.  

 

Después de Jet Set, recibió la llamada de La W, luego de Vicky Dávila, y así, lo que se suponía sería una sola entrevista, se convirtió en tendencia nacional.  “Después de esa entrevista con La W, fue cuando realmente entendí qué era lo que estaba pasando; apague mi celular y me ataque a llorar como un bebé. Mi mamá me logró contactar por intermedio del número de otro amigo que en ese momento estaba conmigo; con ella estuve al teléfono, llorando, al menos media hora. En ese momento mi mamá me dijo una de las cosas más bellas que me ha dicho en la vida: —Pedro acabo de entender todo; mi servicio por este país ya está hecho, creo que es tu hora, me siento muy orgullosa de ti—”.

 

LOS TATUAJES: “Mi familia… Mi infancia”

“Mis tatuajes tienen todo el significado del mundo. En el brazo derecho tengo tatuada a toda mi familia, las iniciales de María, Francisco, Benjamín y Carmen. El brazo izquierdo está en proceso, pero es un poco la historia de mi vida; es el recordatorio de que lo que estoy haciendo es más grande; es mi juventud. La represento con una cárcel japonesa que me encanta y que simboliza mi niñez, un momento de mi vida en el que me sentí asfixiado; al interior de la jaula se encuentra un carro blindado, que representa algo que para mí fue muy fuerte, durante 8 años no pude bajar la ventana de un carro. Yo creo que la gente no entiende lo duro que es no poder bajar la ventana de un carro. Un poco más arriba tengo tatuado un mundo espiritual, resultado de mis viajes y de entender el universo. De allí, nace un árbol de la vida que está floreciendo.”

 

Sabemos del reto de asumir el liderazgo y compromiso de visibilizar y luchar por los derechos LGBT. Es un camino duro y largo, por ello, para finalizar, quisimos preguntarle a Pedro hasta dónde quería llegar. Su respuesta fue contundente: “¡hasta el infinito y más allá!” —Carcajadas—.

 

¡Gracias Pedro!

 

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